Los meteoritos no siempre forman cráteres al impactar.
La formación de un cráter depende de varios factores, incluidos el tamaño, la velocidad, el ángulo de entrada y la composición del meteorito, así como las características de la superficie que golpea. Los meteoritos más pequeños, a menudo denominados micrometeoritos, suelen quemarse en la atmósfera terrestre o aterrizar suavemente, sin dejar ningún impacto visible. Sin embargo, los meteoritos más grandes pueden crear cráteres si golpean la superficie con la fuerza suficiente.
Según una investigación del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, la energía cinética de un meteorito es un factor crítico en la formación de cráteres. Cuando un meteorito grande impacta la Tierra, libera una energía equivalente a varias toneladas de TNT, excavando un cráter. Sin embargo, si un meteorito es pequeño o está compuesto de material frágil, puede desintegrarse al entrar en la atmósfera o al impactar, lo que no produce ningún cráter.
El ángulo de impacto también juega un papel importante. Un ángulo poco profundo puede hacer que un meteorito rebote en la superficie, minimizando la formación de cráteres. La composición de la superficie es igualmente importante; los impactos en material blando o suelto pueden absorber la energía, reduciendo la probabilidad de un cráter.
La Meteoritical Society, una organización profesional dedicada al estudio de los meteoritos, señala que, si bien los cráteres son una característica común de los grandes impactos, muchos meteoritos se descubren sin cráteres asociados. Esto es particularmente cierto en el caso de los meteoritos que se encuentran en desiertos o campos de hielo, donde se conservan y son fácilmente visibles.